verde que te quiero
Hoy fue un día especialmente difícil. Uno de esos días en que solo puedes sentirte a gusto con unas sandalias de suela espumosa y medias blancas, mas o menos como si se te hubiera montado el espíritus de un turista canadiense retirado en una playa caribeña, con un tanque de cincuenta y cinco galones de Daiquiri o de helado de chocolate.
Siempre hago hincapié en que mi trabajo y el sector donde me desenvuelvo están subvalorados, y no me cansaré de repetirlo. Esto de atender al público es un conflicto. Porque ya atender es difícil. Según la Rae, para ello debo acoger favorablemente o satisfacer un deseo, ruego o mandato de alguien, siempre y cuando la persona sabe que quiere, porque la mitad vamos casi siempre por el mundo con desconocidas pretensiones. Otra de sus acepciones, que me permitiré sacar de contesto dice, que debo leer para mi el original de lo que se me presenta. Ay dios mío, creo que es hora de reescribir los estatutos de la vendedora que yo me pongo como meta a seguir. De que forma podría hacer todo eso cuando supuestamente una de las cualidades que mas hemos perfeccionado los humanos, después de la revolución industrial, es la camalioniques y la boca de pato para autorretratos y encuentros sexys de corto impacto. ¿Leer del original? y ¿cuál es el original? leer…., ahora con las mascarillas yo no puedo usar espejuelos, o veo o me protejo, en fin, estamos viviendo la utopia.
El invierno en la moda rápida está llena de materiales que se deben desbaratar lo antes posible para que la gente se motive a salir de su casa con cero grados en busca de una muda de ropa. Entonces ustedes se imaginan que yo, una chica casi precolombina, si pensamos que todo lo que existió antes de la burbuja punto com es anterior a la edad media. ¿Como quedo yo con mi visión romántica del mundo? La gente viene y pregunta que si hace pelotillas el pulover cuando lo lavas. Pelotillas? Hasta malabares y si le das cariño te hace el café en la mañana. Pero que parte no se entiende? si pagas veinte pesos de ahora, no son como los veinte pesos de antes, la inflación, la corrupción, los costos de producción, el hueco en la capa de ozono y la precaria vida sexual de tus vecinos, todo eso es como un batido de casualidades que provocan que tu pagues un bolondrón de dineros por algo que te va a satisfacer medianamente por un ratico. No quiero cantarles la vieja oda de que el pasado siempre fue mejor, porque no es así, pero si hasta las pergas de cerveza de antaño venían enceradas, pero hoy, lo desechable se lleva a extremos literales y lo que te compras en la cultura del tira y deja, es para la foto y después, para engrosar las largas filas de pijamas.
El punto culmine lo logré cuando una clienta entró con la déspota mirada de un traficante de esclavos y me trajo de regreso una chaqueta de punto que había comprado días antes. Todo estaba en regla y para refrescar un poco el momento le pregunté que le había sucedido. Caridad el cobre, quien me habrá mandado. Pues la señora, evidentemente adinerada de hacia tres días, con maneras muy a lo Netflix y sin nada de respeto al prójimo me dijo que mi producto no tenia la calidad que ella esperaba y que el material que si patatín que si patatan. Yo pensé que había sido suficiente, pues no, faltaba más. Incluso la etiqueta de papel no coincidía con la etiqueta interna cocida, yo ahí intenté defenderme pero la dama le había echado aceite de cocina a la caja de frenos. En estos casos no se si recomendarle a las clientes pasiflora o flor de campana. Salí ilesa, no la ataqué, ella no me escupió, era una situación totalmente normal, pero en el fondo estos encuentros me afectan siempre. Primero porque para mi es nueva la costumbre de la devolución. A mi me enseñaron que si no estaba como debía lo podía transformar o adaptarme y de esa enseñanza estoy muy agradecida aunque guardo algún que otro recelo. Esta gente tiene el „ya no quiero“, „hasta aquí las clases“ tan incorporados en su vida que te devuelven una sartén con la misma facilidad conque firman un divorcio y eso señoras mías esta muy bien.
Lo difícil es el equilibrio. Saber que a pesar de tus derechos, también es importante calcular los riesgos a la hora de los mameyes y cargar con la consecuencia de tus actos.
La moda es algo aparentemente inofensivo y superficial pero si hablamos del impacto ambiental que acarrea, nos compramos la mata de parra y como Adan y Eva dejamos la cuerda cogiendo aire. Tratar con personas es ya un gran misterio, comprar con la cabeza es todo un gran lujo, hagámoslo por nuestra casa, la casa de todos.