después de todo que
En tiempos de pandemia hemos aprendido a lidiar con la distancia como hacia mucho tiempo no hacíamos. La marea está bajando y yo me dispongo a sacar mis conclusiones de este primer corte. Que nadie me cuente de lo mal que nos ha ido en estos dos años, o que podemos decir de la gripe española, la peste bubónica, el sida, el ébola, el hambre y otras catástrofes. La cosa es que de esas hemos querido escuchar muy pocas anécdotas. En los pos desastre decidimos celebrar la vida y yo me apunto en esa también, en esta vuelta.
En el siglo XIV le dieron un giro al arte que hasta el nombre te da deseos de fiesta… Renacimiento. En mil novecientos veinte después que la gripe española acabara con media Europa en la feria de París presentaron el ArtDeco. Que maravilla eso de gozar la superficialidad, la belleza y mezclar mariguana con cake en nombre de la reivindicación de las artes menores. En los noventa le dimos todo el espacio del mundo a los conciertos multitudinarios, las fiestas del arcoíris y la apertura a la diversidad. ¿Qué vamos a formar ahora? Porque según mi ojo mágico, veo mucha predisposición a las reuniones por zoom, las fotos explícitas en onlyfans, los grupos de WhatsApp y las compras online. No me tomen a mal pero esta vez me da la impresión que se han vuelto todos muy intimistas y poco rocanroleros. El único que esta gozando es Zuckenberg que anda inventando la Meta, donde con un par de espejuelos virtuales y un clic vamos a estar todos bailando en Ibiza, pero de repello colectivo veo poco en sus planes.
A través de mi ventana espío diariamente los camiones, de distintas firmas de correo que llevan y traen paquetes de cuanto hay. Me gusta pensar que este pedacito de pueblo es como una pequeñísima muestra de la ciudad, un termómetro del universo primer mundistas. Ropas, electro domésticos, productos de jardinería y construcción, lo que yo veo pasar por aquí es increíble. Incluso yo me he visto tentada a hacer algún pedido en una que otra tienda online, solo para saber que existo en la burbuja com, cosa que parece ser cada vez más importante. Lo primero es tener un dispositivo y una tarjeta de crédito, porque sin dinero te dan un empujón que te bajan de la nube, luego contacto visual, esperas que el objeto de tus deseos se ajuste a tu realidad y en el tiempo que llega te imaginas miles de oportunidades en que puedas lucirlo o que puedas usarlo, llega el paquete, lo pruebas, lo lavas o lo vuelves a empaquetar para mandarlo de vuelta y se repite la historia. Mientras nosotros jugamos a creer que controlamos la situación y que somos dueños de nuestras decisiones los tipos del algoritmo nos llevan de la mano por donde a ellos les conviene.
Mas o menos como las relaciones a distancia. Aclaro que no he tenido nunca una, así que me permito exagerar e inventar en nombre de las mil palabras que tengo que escribir en este post. Yo creo que lo primero que atenta contra un retorno de la cacería analógica es la posibilidad de ir a ese espacio de intimidad con solo abrir una aplicación. La sensación de cercanía a través de la palabra. La posibilidad de enseñar de ti lo que quieres, al principio, aunque sostenerlo en el tiempo no es apto para cardíacos. Creer que tienes la voz cantante porque puedes apagar tu dispositivo o inventar que has entrado a un área sin cobertura. Pero del otro lado hay un océano de libertades y para eso se necesita mucha salud mental. No veo una relación como un juego de control y libertades, pero la fantasía puede ser en esos casos la mejor aliada de la inseguridad y de ahí a terminar con un tic nervioso, no va nada. No sé si confianza ciega sea a palabra de orden en una relación a distancia o autonomía. Yo que no tengo ni la una ni la otra y entiéndase salud mental o confianza ciega, pues me veo incapacitada desde el principio para ese tipo de dinámicas. ¿Como sustituyes con la palabra, el roce de la piel, el sabor de un beso, un abrazo?
Vuelvo a comparar los amoríos y las compras online, porque creo que lo que las sostiene en un gran porcentaje es la experiencia sensorial.
Conocer a un tipo por Tinder es como comprar en Shein, puede salir bien o mal, directo al pecho, sin rodeos, pero a mi me gusta el rodeo, que le puedo hacer. Yo creo que a pesar de mi afición por el desarrollo tecnológico, seguiré estando a la antigua en eso las relaciones sociales, para mi los medios son para mantener el contacto con familia y amigos que tengo diseminados por el mundo, pero gente nueva? Prefiero ir despacio, en un área que pueda recorrer con el trasporte público y usando solamente mis filtros tradicionales. Nadie dijo que uno o el otro sean un camino garantizado al éxito, pero si ya hay que decidirse prefiero mirar a los ojos, esconderme detrás de un árbol para robar un beso, y quien sabe si tengo suerte y celebre veintidós años de amor a pesar de los obstáculos, como mis amigos. Yo tengo muchas pruebas de lo divertido que es hacerlo a la antigua. No miento si digo que provocar y entregarte a través de una cámara sea excitante pero a veces lleva mucha teatralidad.
Yo ya me estoy alistando, solo espero que encontremos un modo espectacular de festejar que estamos vivos y que vienen tiempos de normalidad. Que ese modo no anule ninguna expresión de amor. Que podamos combinar todo lo aprendido online y real. Así que cargo el teléfono y la pasta de dientes. Ya le enseñamos a nuestros hijos donde echar las lágrimas por nuestros seres queridos, es hora de enseñarles donde se engendra la pasión, la locura buena y la esperanza por un futuro tan incierto como maravilloso.